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Medidas de confianza mutua naval en los mares del Sur en el siglo XXI

Las medidas de confianza mutua naval son herramientas de la diplomacia de los Estados y de las Marinas de Guerra, destinadas a reforzar las relaciones bilaterales y a incrementar la previsibilidad y transparencia de las actividades navales, con el propósito final de disminuir los riesgos de percepciones erróneas, en las relaciones estratégicas entre dos Estados.

La confianza y las medidas de confianza mutua naval, responden a necesidades regionales o locales, que emanan de la creciente incertidumbre a nivel global estratégico y de la perspectiva de construir relaciones diplomáticas y estratégicas de calidad entre los Estados.

Seis principios generales ordenan el proceso de diseño y la implementación de medidas de confianza mutua naval entre dos o más Estados: transparencia, predictibilidad, reciprocidad, comunicabilidad, estabilidad y verificabilidad, en orden a otorgar coherencia a la toma de decisiones en la esfera política y diplomática y en el nivel del sector defensa de los Estados involucrados.

A medida que se desarrolla la tecnologías de las comunicaciones y la información, así como la industria marítima y la ingeniería naval y que se multiplica el acceso masivo a la información en la sociedad contemporánea, el rol de las marinas de guerra sigue siendo fundamental, especialmente para los Estados costeros, para otorgar seguridad y disuasión al ejercicio de sus propios intereses nacionales.

En la segunda década del siglo XXI, los mayores desafíos de seguridad nacional, que pueden afectar los intereses nacionales, se centran principalmente en los riesgos asociados a la vulnerabilidad energética, la fragilidad de los ecosistemas y el medio ambiente, la presión de potencias hegemónicas y corporativas sobre los recursos naturales y la necesidad de garantizar condiciones de paz, estabilidad y sustentabilidad del desarrollo nacional y de preservación del patrimonio ecológico territorial.

Las instituciones de la Defensa se enfrentan a estas nuevas tareas y desafíos.

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En los mares del Sur y en particular en el Pacífico Sur y el Atlántico sur, la necesidad de garantizar la seguridad, se relaciona tanto con el libre tránsito marítimo y el libre acceso a los espacios antárticos y del océano Austral, como a los requerimientos de disminuir los riesgos de desastres naturales y de accidentes en el mar,  así como la preservación y la acción preventiva y de vigilancia para proteger los recursos naturales y los recursos marinos y evitar su depredación.

Paradójicamente, en tiempos de paz prolongada o de ausencia de factores polemológicos susceptibles de desencadenar conflictos, la seguridad y la estabilidad en los mares, deviene una función cuyo valor se deprecia cultural y socialmente, a medida que el monto de la inversión en defensa aumenta.   La navegación comercial y las múltiples actividades que se realizan en las costas y en los territorios marítimos, cuentan con un factor de certeza y de seguridad, que les proporcionan las flotas navales de cada Estado.

Por lo tanto, los recursos que cada Estado costero puede destinar al despliegue de medidas de confianza mutua y de colaboración marítima y naval con sus Estados costeros vecinos, contribuye indirectamente a reforzar la paz, a garantizar el desarrollo y a hacer más efectiva y actualizada la labor del instrumento naval.

La continua presencia de Estados extracontinentales en los mares del Sur, tanto en la extracción ilegal de recursos ictiológicos, la depredación constante, ilegal y periódica de ballenas y otras especies fundamentales para los ecosistemas marinos, la creciente explotación offshore de recursos energéticos, así como la escasez y necesidad de acceder a nuevas fuentes del recurso agua, generan en los océanos australes un conjunto de factores geopolíticos y geoestratégicos, donde el interés nacional de los Estados directamente ribereños se encuentra en creciente conflicto y contradicción con los intereses nacionales de algunas potencias hegemónicas globales.

Es en este contexto de incertidumbre global donde las medidas bilaterales y multilaterales de confianza mutua naval, y las consiguientes medidas de cooperación y complementación en la esfera naval, pueden contribuir decisivamente a mejorar la postura de los Estados sudamericanos en materia de defensa de la soberanía energética y la soberanía alimentaria y de preservación mutua del patrimonio ecológico territorial.

Es en los mares y océanos donde el patrimonio ecológico territorial se relaciona con mayor pertinencia y urgencia, con la defensa de la soberanía nacional.

En particular, los espacios antárticos – el océano Austral, los mares circundantes y el territorio continental e insular de la Antártica- constituyen un espacio privilegiado para el desarrollo de la cooperación mutua, y para el ejercicio cooperativo de las medidas de confianza naval en un territorio dedicado exclusivamente a la paz y a la ciencia.   En el caso de Chile y Argentina, los dos Estados sudamericanos más próximos geográficamente de la Antártica, la cooperación logística, la acción naval conjunta de prevención de accidentes y desastres y de vigilancia en los espacios marítimos y aéreos australes, son un avance significativo en la diplomacia naval y en el desarrollo de relaciones equilibradas y mutuamente convenientes para ambos países.

Las marinas de guerra de cada Estado tienen en este campo una tarea considerable de participación directa en la defensa de la soberanía nacional y de compromiso con la paz y la seguridad internacionales.

Manuel Luis Rodríguez U.

FUENTES BIBLIOGRÁFICAS.

Turner, S.: The naval balance: not just a numbers game. Foreign Affairs 1/77.

United Nations: Naval Confidence Building Measures. N. York, 1990. Topical Papers 4. United Nations, Department of Disarmement Affairs. 322 p.

United Nations: Confidence-building Measures in the Asia-Pacific Region. N.York, 1991. Topical Papers 6. Department of Disarmement Affairs. 175 p.

Valantin, J-M.: Guerre et nature. L’Amérique se prépare a la guerre du climat. Paris, 2013. Editions Prisma. 315 p.

Varas, A., Caro, I.: Medidas de confianza mutua en América Latina. Santiago, 1994. FLACSO, Stimson Center, SER. 222 p.

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Las islas Falklands y la encrucijada geopolítica del Atlántico sur

En los meses recientes del año 2010, diversos hechos relacionados con las Islas Falklands han vuelto al archipiélago inglés nuevamente al centro de la atencion de la opinión pública, aunque sea por breves momentos.

Desde la exploración petrolera de una empresa británica en el fondo marino de las islas, hasta un programa de intercambio estudiantil entre la Municipalidad de Punta Arenas con Port Stanley, y las recientes reuniones del Comité de Descolonización de Naciones Unidas, así como la prohibición argentina para la recalada de naves mercantes entre las islas y el puerto chileno de Punta Arenas, y de las naves comprometidas en dicha exploración de hidrocarburos en puertos argentinos, en cada uno de estos eventos el gobierno justicialista de Argentina ha intentado escalar la presión diplomática y mediática para lograr sentar a Gran Bretaña en alguna mesa de negociaciones.

Un incidente menor ocasionado artificialmente por la Cancillería argentinaa propósito del viaje de estudiantes magallánicos (de condición social vulnerable) a Falklands para fortalecer su dominio del idioma inglés, incluso podría servir de motivo para preguntarse si acaso la política exterior del Estado de Chile ante el tema Falklands, se decide en el Palacio de la Moneda en Santiago de Chile o en la Casa Rosada en Buenos Aires.

En la encrucijada geopolítica de las islas Falklands, siempre se entrecruzan a lo menos cuatro actores relevantes, a saber, Argentina, los kelpers, Gran Bretaña y Chile, aunque éste útimo solo tenga algunos intereses comerciales con los habitantes y comerciantes del archipiélago.

Entre los dos actores centrales, aparecen además los integrantes de lacomunidad kelper de las islas, un grupo de alrededor de 3.000 británicos originarios de las Falklands (según el censo de 2001), que aspiran a lograr mayores niveles de autonomía local, aunque siempre bajo el paraguas protector de la soberanía británica a la que pertenecen.  Las islas se autofinancianactualmente, tanto por la venta de licencias de pesca en las aguas del Atlántico sur, como por el comercio de ultramarinos (125 millones de dólares por exportaciones el 2008), la ganadería ovina, la pesca, el turismo (30.000 visitantes el año 2001) y la navegación marítima. (CIA: The World Factbook, 2010.).  Adicionalmente, desde el año 1993,  el British Geological Survey desarrolla un programa de exploración en busca de hidrocarburos.  Las finanzas de las islas se incrementan además,  con el consumo producido por la dotación militar, naval y aérea allí estacionada.

El juego entrecruzado de intereses de estos actores sigue siendo una encrucijada geopolítica no resuelta: mientras Argentina reclama soberanía sobre un archipiélago en el que no reside ningún argentino y que solo fue ocupado militarmente por tropas argentinas invasoras durante tres o cuatro meses en 1982 con ocasión de la guerra,  Gran Bretaña asume en plenitud y refuerza el ejercicio de su soberanía sobre las islas y no parece estar dispuesta a ceder, mientras los kelpers, los verdaderos habitantes originarios de las islas, prefieren indudablemente vivir y continuar viviendo bajo la soberanía británica por múltiples razones históricas,  culturales, económicas y políticas.

Desde 1982 sin embargo, las islas representan un espacio de interés geopolítico, acrecentado por el posible carácter comercial de las reservas de hidrocarburos existentes en su fondo marino.

Para cada actor en juego, las islas tienen un significado geopolítico distinto, ahora acrecentado y multiplicado por la perspectiva de la existencia de reservas de hidrocarburos -aunque de mediana calidad- en el fondo marino del archipiélago, susceptibles de avivar la controversia británico-argentina, si dichas reservas tienen un valor comercial explotable.

Para Argentina, la opción diplomática sigue siendo en el presente, la única alternativa viable de acceder a negociaciones que impulsen su demanda territorial.  Para Gran Bretaña, evidentemente las Falklands no son su prioridad estratégica ni política, ocupadas en resolver la crisis financiera en curso y la inserción inglesa en la Unión Europea.

Para los kelpers, la eventualidad de la presencia argentina,  es una amenaza que trae a la memoria los meses de invasión y destrucción que les significó la guerra de 1982.

En este contexto, para el Estado de Chile y para la posición geopolítica y oceanopolítica chilena en el cono sur de América, resulta indudablemente más conveniente que las islas Falklands continúen bajo soberania británica y no pasen a convertirse -en manos argentinas- en una posición  geoestratégica susceptible de controlar la navegación hacia y desde la boca oriental del Estrecho de Magallanes.

Manuel Luis Rodríguez U.

Noviembre de 2011.