América del sur entre democracia y neoliberalismo

En los años recientes, se ha producido un vuelco gradual en el escenario político de América del Sur, después de un decenio de predominio de las coaliciones de centro-izquierda -en su infinita diversidad de coloraciones y coaliciones- el subcontinente parece volver al neoliberalismo gobernante.

Los triunfos políticos de coaliciones de derecha y centro-derecha de Kuczinski en Perú, de Macri en Argentina y de Piñera en Chile, parecen formar parte de una tendencia pendular en América del Sur, de retorno a las políticas neoliberales más estrictas.

Del neoliberalismo funcionando al neoliberalismo gobernante.

En el segundo decenio del siglo XXI, América Latina vuelve a vivir el ciclo de la transición desde el neoliberalismo funcionando con políticos actuando al servicio de los empresarios, a un neoliberalismo gobernante con empresarios actuando como políticos.

La historia reciente de América Latina puede leerse bajo esta matriz pendular.   La política latinoamericana se atomiza y en esta turbulencia de un río revuelto, los pescadores neoliberales ganan.

Puede parecer demasiado esquemático, pero ilustra e interpreta los hechos con claridad.

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Todo esto sucede en un contexto de un gobierno de la ultra derecha conservadora en Estados Unidos con un presidente autocrático como Donald Trump, que desconoce completamente y no le interesan las particularidades latinoamericanas, la región al sur del Río Grande mira con más atención los cambios gravitacionales y geopolíticos que suceden con la emergente hegemonía global de China desde el espacio del Pacífico, mientras Europa no termina de recuperarse de la crisis financiera y de la crisis de los migrantes, cerca de un Medio Oriente atravesado por guerras religiosas y conflictos interminables por el control del agua y del petróleo.

Cuando todos los bloques continentales parecen perder el horizonte y la brújula en la incertidumbre, el débil bloque latinoamericano navega lentamente y sin dirección segura y en este contexto, se produce una nueva oleada de gobiernos de inspiración neoliberal y cada Estado tiende a buscar su propio curso de navegación, confiando menos en las instituciones multilaterales o en la esquiva unidad latinoamericana.

http://nuso.org/articulo/la-politica-internacional-de-america-latina-mas-atomizacion-que-convergencia/

La contradicción democracia-neoliberalismo sigue latente en el escenario latinoamericano: por un lado los gobiernos progresistas y antineoliberales como los de Bolivia, Ecuador y Venezuela, se encuentran en un cuadro menos propicio, y por otro lado, los gobiernos de inspiración neoliberal y conservadores pueden funcionar respaldados por electorados cada vez más reducidos y por la fuerza económica, financiera y comunicacional que los sustenta.

Coincidentemente mientras el gobierno Macri en Argentina desconstruye las reformas sociales del período Kirtchner, reprimiendo manifestaciones y aprovechando la división de la oposición justicialista y la centro izquierda, el gobierno Kuczsinky paga una deuda política con el fujimorismo para evitar el impeachment en el Congreso, indultando al anciano dictador Fujimori, pero debilitanto su base de sustentación social y política.

Si hubiera una explicación para entender cómo minorías político-económicas de corte empresarial y político neoliberal que no alcanzan al 1% de la población, logran hacerse del poder democrático, la explicación habría que ir a buscarla en esas multitudes ciudadanas despolitizadas, acostumbradas a una cuota de consumo y de endeudamiento, alienadas por medios de comunicación que algunos califican de “televisión basura” y que se restan de las urnas precisamente porque la imagen de corrupción generalizada salpica a toda la clase política, aunque no todos tengan los bolsillos manchados.

¿Está en crisis el modelo neoliberal en América Latina?

La evidencia superficial indicaría que no hay tal crisis.

En un cuadro político generalizado de descrédito ciudadano y deslegitimación de la representación política y de las instituciones democráticas, minadas por la corrupción y la colusión descarada entre empresarios y políticos, el modelo de dominación basado en los preceptos cuasi-bíblicos de Milton Friedman parece gozar de buena salud, precisamente porque funciona como una aceitada maquinaria de poder y de dinero, donde las instituciones formalmente funcionan, pero desestibadas en favor de la elite, donde los subsidios, las ayudas sociales del Estado, la inversión pública donde los inversionistas privados no ven el negocio (todavía…), y los créditos a plazo, permiten “al nadador no ahogarse hoy, pero no sabemos mañana…”

El modelo neoliberal ha producido en América Latina la desconexión perfecta entre la ciudadanía y la política, una desconexión sigilosa y sutil, donde los ciudadanos se vuelven consumidores individualistas, se desvinculan de la actividad política y de las actividades de sus representantes, porque no les creen, porque la política ha sido desprestigiada y degradada sistemáticamente, porque la educación ha borrado la educación cívica del curriculum escolar durante 30 ó 40 años, y donde los medios, el negocio truculento de la droga y aquella televisión basura, alienan lentamente, a las nuevas generaciones emergentes.

Las coaliciones de centro izquierda que han gobernado Argentina, Chile, Perú o Uruguay en los decenios recientes, no han sacado a esos países del modelo neoliberal, sino que los han hecho transitar por el camino azaroso de las reformas parciales y graduales y porque carecen de la fuerza social suficiente o la convicción ideológica para intentar superar el modelo.

¿Y los pueblos dónde quedan en este choque de placas tectónicas políticas de derechas y de izquierdas?

Los pueblos callan y trabajan, resisten y protestan, se organizan, consumen, observan impotentes, reclaman como pueden, viven y mueren.

Manuel Luis Rodríguez U.

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